ABOUT THE BODY OF WORK OF SAMANTHA SALVAT.
TEXT BY ALAN SIERRA.
SOBRE EL TRABAJO DE SAMANTHA SALVAT
TEXTO DE ALAN SIERRA.





In western artistic tradition, a creative work is generally understood through the dominant elements of the movement to which it belongs.  In recent years, the artist’s hand, the perceptual experience of the viewer and/or the properties of the materials used, serve a current movement of art that is much more intellectual in process and experience. This theoretical art has produced new knowledge, thematic novelties and important political initiatives. It has also widened the divide between art and experience.

On the other hand, some spiritual and mystical traditions, strive to integrate the material body, the reasoning mind, and the transcending spirit; seeking, for the practitioner, a healthier, more balanced and expanded experience of life.

The overlap of spiritual practice and artistic pursuit has produced a number of artists dedicated to creating spaces in which both paths can be explored; artists advocating for a kind of integration that allows each path to be nourished by the other.

Samantha Salvat is an artist from Mexico City who currently lives and works in Vancouver, Canada. Over the years, silently and privately, she has sought the way to deliver a particular message with her painting and a way to give form to her subtle experiences. She has developed a body of work that attempts to manifest that which is beyond an ordinary reality.  Thus, her paintings are grounded in, and congruent with, the artist’s way of being, thinking and acting. Seen as a whole, her work invents an intimate language  that expresses what she considers an important intention of her art: “What I can personally reach with my consciousness and what the spectator can achieve with his or her own consciousness intimately merge in a transformational process that creates a new possibility.”

The artist’s approach to pictorial practice is experiential. The encounter between the creator’s hand and the materials is fundamental to both the development of the work and the subsequent thematic outcomes.

Her creative process requires an active search - a type of trance -  to feed the post-interpretation of the objects realized during this period and to stimulate the “archeological” effort in the unconscious of the spectator.

The work of Samantha Salvat is characterized by the use of images that transmit “other-worldly” wisdom to the realm of palpable Earth.  Consequently, her paintings require the public’s participation to achieve their pedagogical intention. As an artist and an educator she has devised, and some times works within, a system that divides the history of art into stages (archaic-magical, magical-mythological, rational, integrative and transpersonal). The system reveals some purposes for art that go well beyond the biographical, the historical and the social.

Materially speaking, her use of contrasting opposite colours helps to establish bridges between different states of consciousness. Veils, auric luminosities and chromatic gradations correspond to her interest in painting the invisible, as do her barely-suggested subtle forms.  Regarding the presence of humanoid figures in some of her paintings, the artist declares: “If one thinks about the human form, it is something short-lasting and is always in transition. What, then, is a human being beyond a physical manifestation?  Here I experiment with subtler beings.   I try to give shape to an unseen reality, something deeper than form”; in a sense to give life to our inner being … the subtle and inner part of us that is beyond - and yet permeates - our physical bodies.”

Though her use of geometry might suggest modern compositions, the balance of the figures and their tonalities transmit a profound and particular message. Hers is a type of abstraction does not pretend to abandon reality. Rather, it strives to emphasize a reality; in fact, liberate it by means of messages enlisting higher frequencies and making its presence visible through diagrams, colours and vibrations.

In her encounters with the canvas, Salvat often paints as if the energy were descending. This approach to the fluidity of her paintings parallels her own experience and motives: to awaken latent ideas, to gain spiritual knowledge and to pursue the expansion of consciousness. Her production represents a lucid posture towards the instrumentalized approach to much of the art of our times that favors spectacle and the spectacular. Her resulting themes are invigorating and can bring one closer to nature, promote healthier relationships between individuals and their environments as well as encourage a meditation practice. In a market of serial production that has generally characterized art throughout this decade, Salvat creates unique and singular pieces.

If works of art can be enriched from a rational reading and its discussion, the work of Salvat implores the spectator to give the experience enough time for it to accomplish its pedagogical intentions: that the viewer allows him or herself to perceive and recognize something beyond what the traditional uses of language can transmit; that he or she tries to establish a connection to something subtler and more pervasive to that which is being presented in the painting before him or her.

En la tradición artística occidental, la creación se ha entendido a partir de elementos que han sido preponderados por diferentes movimientos. En años recientes, la mano del artista, la percepción del espectador o las propiedades de los materiales, han sido relegados por un arte de la mente. Este arte teórico ha aportado conocimiento, novedades temáticas e iniciativas políticas de gran importancia, sin embargo ha ensanchado la separación entre el arte y la experiencia.

Por otro lado, las disciplinas místicas han aspirado a la integración de la razón, el cuerpo y el espíritu, con la finalidad de transmitir formas de vida más equilibradas. En el punto de encuentro de estas escuelas y la práctica artística, han surgido creadores que se han dedicado a fundar espacios para ambas rutas, que abogan por una práctica integradora que enriquezca también su desarrollo personal.

Samantha Salvat es una artista originaria de la Ciudad de México que vive y trabaja en Vancouver, Canadá. De forma silenciosa y privada, ha procurado entregar un mensaje esencial a través de la pintura. La artista ha desarrollado un cuerpo de obra como una forma de plasmar las experiencias suprasensibles que vive. Así, sus cuadros ofrecen congruencia y solidez con su forma de actuar y pensar. Vistos en conjunto conforman un lenguaje propio que lleva a último término lo que considera su intención artística: “esa transformación entre lo que yo puedo alcanzar y lo que el espectador pueda alcanzar con su propia conciencia, la mezcla de dos conciencias para crear una tercera”.

Salvat plantea un acercamiento experiencial a la práctica pictórica, en el que el enfrentamiento entre los materiales y las manos del creador es un factor fundamental para desarrollar un tema. Su quehacer requiere de una búsqueda activa, una especie de trance que se alimenta de la interpretación posterior de los objetos realizados durante ese periodo, estimulando la práctica arqueológica del inconsciente en los ojos del espectador. El trabajo de Samantha Salvat se ha caracterizado por el uso de imágenes para transferir conocimientos superiores al terreno de lo palpable. En ese sentido, su pintura requiere del público para cumplir su intención pedagógica. Como artista y educadora, Salvat ha elaborado un sistema que divide la historia del arte en estadíos (arcaico-mágico, mágico-mitológico, racional, integrativo y transpersonal), demostrando intenciones para el arte que van más allá de lo biográfico, lo histórico y lo social.

En términos materiales, el contraste de colores opuestos le ayuda a establecer puentes entre diferentes estados de consciencia; el uso de veladuras, luminosidades auráticas y gradaciones cromáticas responde a un interés por pintar lo invisible con formas apenas sugeridas. Ante la presencia de personajes humanoides en su pintura la artista declara lo siguiente: “Si piensas en una forma humana, es algo que dura muy poco y siempre está en transformación. Entonces ¿qué es un humano más allá de esa forma física? Por eso experimento con seres más sutiles, o trato de plasmar lo que va más allá de lo que vemos. Trato de plasmar el ser, una parte interna más allá del cuerpo.”

Algunas de sus geometrías podrían confundirse por composiciones modernas, si bien el balance de figuras y tonalidades lo sugiere también transmiten un mensaje más profundo. Este tipo de abstracción no pretende abandonar la realidad, sino enfatizarla, liberarla en forma de mensajes con nuevas frecuencias, información que será visualizada a través de diagramas, vibraciones y colores.

En sus encuentros con el lienzo, Salvat pinta como si la energía bajara. Dicha lógica de fluidez al materializar tiene un paralelo con sus motivos: el despertar de las ideas dormidas, la obtención de saberes espirituales y el crecimiento de la consciencia. Su producción representa una postura respecto al arte instrumentalizado de nuestra época que favorece lo espectacular. Sus temas resultan vigorizantes y animan a recuperar la relación con la naturaleza, a procurar el balance entre los individuos y sus entornos, a practicar la meditación. En un mercado de producción en serie como el de esta década, Salvat fabrica ediciones únicas y singulares.

Si bien las obras de arte se enriquecen de la lectura racional y su discusión, el trabajo de Samantha pide disposición al espectador que se le presenta para que le de tiempo de que cumpla sus propósitos, es decir, que se permita reconocerlo por encima de los lenguajes tradicionales y que trate de establecer una conexión con algo más allá del cuadro frente a él.